Los Óscar 2016 han llegado rodeados de controversia por la falta de diversidad racial de los nominados. Por segundo año consecutivo, entre los aspirantes a mejor actor y actriz no se encuentra ninguno que no sea blanco. Pero una mirada al interior de la lista de aspirantes al premio mayor de la industria del cine permite descubrir otra diversidad, la que aportan los representantes del «cine del mundo».
Maracaibo, Zulia, Venezuela, 27 de febrero de 2016, (D58).- Directores, guionistas, animadores y técnicos de México a Pakistán, de Rusia a Jordania, de Japón a Brasil. Todos listos para caminar sobre la alfombra roja este domingo, en el Teatro Dolby de Los Ángeles.
Conoce quienes son y los trabajos con los que aspiran alzarse con la estatuilla:
Un niño viajero, de Brasil al mundo
Esta edición de los Oscar trajo a Brasil la primera nominación de su historia en la categoría de mejor largometraje animado.El director y guionista Alê Abreu está listo para dar batalla, al mejor estilo David versus Goliat: su cinta «El niño y el mundo» (O Menino e o Mundo) se mide contra la favorita «Intensa Mente» («Del revés» en España, Inside Out en inglés), una megaproducción del "tanque" Disney/Pixar que se ha convertido en la décima animación más vista de la historia.
Es la fábula de un niño que deja su pequeño poblado en un país mítico para ir tras su padre y sale a un mundo en guerra. Un niño dibujado «con palitos», el trazo más simple y austero, que es a la vez una reflexión del director sobre la industria de la animación.
¿La tercera es la vencida?
En competencia con «El niño…» estará la japonesa «El recuerdo de Marnie». Esta animación, con un aire onírico y basada en un libro infantil de 1967, cuenta el encuentro entre una niña huérfana y melancólica y una misteriosa amiga rubia con la que se cruza un verano en una localidad costera de Japón.
Y aunque técnicamente se la puede considerar un outsider, por fuera de la industria estadounidense del cine, lo cierto es que detrás de la producción está un estudio de animación de renombre, ya acostumbrado a las luces de Hollywood: el Studio Ghibli. Es la quinta vez en la historia del Óscar que Japón recibe una nominación por un filme animado y la tercera consecutiva que Studio Ghibli logra candidatearse.
Una parodia palestina
«Ave María» es una película inusual en varios sentidos: es una comedia sobre un grupo de monjas, transcurre en Cisjordania frente a la cámara de un director palestino y es el primer corto del mundo árabe en jamás anotarse una candidatura al Óscar.
«Hay un convento cerca de la casa de mi abuela en Nazareth que es el que me dio la idea. Es como una fortaleza o una burbuja, donde las monjas viven bajo voto de silencio», dijo el director Basil Khalil. «Eso siempre me dio curiosidad. ¿Qué pasaría si se vieran obligadas a romper las reglas?»
Y se verán obligadas, claro: ocurre cuando se le rompe el auto a una familia de judíos ortodoxos en Sabbat y, ante la imposibilidad de usar equipos electrónicos en el día de descanso, le piden a las religiosas silentes que hagan una llamada para pedir auxilio. Lo que sigue es un intercambio hilarante que pone de relieve sus diferencias religiosas.
Narrativa beduina de exportación
«El paraíso ahora» (Paradise Now) abrió el camino: fue el primer título árabe en conseguir una nominación como Mejor Película Extranjera, en 2005. Este año «Theeb» le sigue los pasos y podría hacer historia si logra ya no ser nominada, sino ganarse la primera estatuilla dorada para la región.
Este filme de Jordania construye el viaje de un niño beduino, el que da nombre al filme, mientras guía a un oficial británico por el desierto hacia un destino secreto en plena Primera Guerra Mundial.
«Yo crecí con los relatos de las noches y los héroes beduinos. Son historias que los padres cuentan a sus niños en el mundo árabe. Filmamos en Jordania por un año y trabajamos con los mismos beduinos, con su música y su tradición narrativa», cuenta a la BBC el director Naji Abu Nowar.
La película ya recibió un espaldarazo de la industria el mes pasado, al conseguir el Bafta de la Academia del Cine Británico a la mejor ópera prima de 2015.
Colombia en blanco y negro
También en la categoría de Mejor Filme en Lengua Extranjera compite un ambicioso experimento en blanco y negro procedente de Colombia.«El abrazo de la serpiente» es la primera película de este país sudamericano en alcanzar una candidatura.
Su director, Ciro Guerra, es invitado asiduo de festivales internacionales y atesora su buen botín de premios, pero dice que el galardón de Hollywood es un asunto completamente diferente.
«Nunca pensé que una película en blanco y negro, en idioma indígena, podría ser del gusto de la Academia», expresó el colombiano.
Historia viva desde Ucrania
El documental del director ruso Evgeny Afineevsky «Invierno en llamas» (Winter On Fire) es una inmersión en un capítulo de historia reciente, la de un levantamiento popular espontáneo que logró derrocar a un gobierno. Su escenario principal es la Plaza de la Independencia de Kiev, Ucrania, y los protagonistas son los estudiantes que marcharon para pedir la renuncia del presidente Viktor Yanukovich.
«Apenas comenzaron las manifestaciones en 2013 me monté en un avión hacia allí, alquilé dos cámaras y me instalé con ellos en las barricadas por días y días. Me encanta esta espontaneidad que permiten los documentales, tomar una cámara, ir y ser testigo, descubrir historias humanas detrás de los titulares», manifestó Afineevsky a la BBC.
Afineevsky cree que con ella puede abrir los ojos al público de Hollywood. Piensa, también, que la controversia sobre la falta de diversidad racial en los Óscar se ha sobredimensionado.
Una paquistaní con agenda propia
Sharmeen Obaid-Chinoy ya ha caminado la alfombra roja: esta cineasta paquistaní tiene un Óscar de cosecha propia, conseguido en 2012 con el corto documental «Saving Face», sobre los ataques con ácido contra mujeres.
Ahora, ha elegido indagar en otro tema igual de urgente: las matanzas de honor.
Así se llama a los asesinatos de mujeres que «manchan» la honra de su familia y en ellos se centra su documental nominado para estos Óscar, A Girl in the River: The Price of Forgiveness («Una joven en el río: El precio del perdón»).
La película se centra en una joven de 18 años, sobreviviente de un brutal crimen de honor perpetrado por su padre. «Ella quería que la gente entienda que un crimen de honor es un asesinato como cualquier otro, por eso se abrió a contar su historia», dijo la directora.
La historia de la joven que sobrevivió el ataque de su padre y es bueno, dice, que el cine muestre otros rostros y voces, tanto en documentales como en ficción.
Chile, en los ojos de un oso
El chileno Gabriel Osorio decidió contar su historia familiar de una manera peculiar: con un oso sin nombre que es un sustituto de su abuelo, exiliado durante el régimen militar de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990.
El animal solitario y melancólico de su filme, titulado simplemente «Historia de un oso», recuerda la vida que solía tener antes de que se lo llevara un circo, una metáfora de las familias chilenas desmembradas.
«No quería ser demasiado literal. Es curioso que, además de la lectura chilena, a medida que vamos mostrándola en festivales van apareciendo más lecturas. Audiencias en otros países ven un reflejo de sus propios procesos políticos», dice el director.
La cinta, que compite por el título a mejor cortometraje animado, es la esperanza de Chile para conseguir su primer Oscar de la historia, después de que lo intentara «No» (2012), una cinta de Pablo Larraín que casualmente se centraba en el mismo pasado turbulento bajo Pinochet.
Una aventura espacial rusa
El animador ruso Konstantin Bronzit optó por una temática muy del gusto de Hollywood para su corto en competencia por el Óscar: la exploración espacial.
Sólo que el viaje que emprenden sus cosmonautas en We Can't Live Without Cosmos («No podemos vivir sin cosmos») es de carácter místico.
Bronzit confesó que la idea se le ocurrió «mientras dormía», pero que el proceso de sacarla adelante estuvo lejos de ser un sueño.
«Nunca pude entender esa idea de que la creatividad genera placer… Cuando trabajo en una película siento que me consumo por dentro, que hay una fuerza que me quema.Es como una enfermedad y necesito terminar la película porque si no muero. Es por eso que hago películas: una necesidad. Pero no disfruto de ellas en absoluto», sorprendió el director durante una reunión con la prensa en su natal San Petersburgo.
La avanzada mexicana
El director Alejandro González Iñárritu no necesita presentaciones. Ganador el año pasado del Óscar más codiciado, el de mejor película por Birdman, el mexicano ya es parte de las ligas mayores de Hollywood.
Esta vez, su visceral «El renacido» encabeza la lista de nominaciones, con un total de 12, y es para muchos la gran favorita en varias disciplinas.
González Iñárritu suena fuerte para la estatuilla de mejor director, que ya recibió por primera vez en 2015. De lograrlo, sería el tercer director en la historia del Óscar en llevárselo en dos años consecutivos (después de que John Ford y Joseph Mankiewicz).
Pero no se trata sólo de él: los aportes de México también vienen de la mano del equipo con el que Iñárritu trabaja. Y entre ellos hay dos candidatos más con buenas chances. El mexicano a punto de hacer historia en el óscar que no quería dedicarse al cine Emmanuel Lubezki, encargado de fotografía y parte del «elenco estable» del director, va en busca del tercero: ya ha ganado con Gravity y Birdman, convirtiéndose en el mexicano más premiado por la industria estadounidense.
Luego, el diseñador de sonido Martín Hernández aspira a lograr el propio, después de que el año pasado no logró convertir su nominación en estatuilla.
Redacción: BBC Mundo
Edición: D58
Fotos: Agencias